Cierto día pregunté, Alma, ¿por qué eres tan fría, débil, y desanimada, porque
no eres como otras almas alegres fuertes y entusiastas?. ¡Oh pobre alma mía a
veces te veo a punto de morir! ¿por qué no expresas gozo, no rebosas de alegría
? Dime alma ¿por qué eres así ? Y el alma respondió: Me acusas de ser la
causante de tu infidelidad; pero déjame decirte algo: Cuando tu me llevas a
Dios que alegría mas inmensa experimente, aquel día todo era gozo y felicidad,
pues tu me llevabas a conversar con Dios al Jardín de la Oración, dejabas que
Dios me hablara a través de la lectura de su palabras, me hacías ingerir dulces
calorías que proporciona un ayuno especial, ¡Ah! Y recuerdo que entusiasmo mas
grande cuando devota y reverentemente con toda responsabilidad y puntualidad
asistíamos a la casa de Dios a adorar su nombre, no habían excusas y entonces yo
era fuerte, reía, cantaba, lloraba de felicidad, vivía llena de Dios.
Hoy no rió, ya no canto, lloro pero no de felicidad, lloro porque me haces falta lo que
me distes cuando encontraste a Dios.
Llévame a predicar, a la hora devocional,
llévame a los cultos, ora, ayuna por mi, dame vida espiritual, yo no necesito
entretenimiento de este mundo.
Yo necesito a Dios. Quiero decirte para terminar,
no te lamentes ni me culpes, piénsalo, reconócelo, el culpable eres tu.
Devuélveme a mi primer amor.
Enrique Palacio Luna

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